From our Blog

Mostrando las entradas con la etiqueta Bosques. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bosques. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de julio de 2017

Nación reveló que el gobierno tucumano no rinde los fondos para conservar bosques nativos

Entre 2008 y 2016 llegaron $ 36 millones, pero sólo se justificaron gastos para conservación de bosques por $ 3 millones, afirma el PEN. La Nación emitió un duro informe sobre la situación de la Provincia



DESMONTES. La tala indiscriminada en el sur
pone en riesgo las poblaciones. Greenpeace
La Provincia recibió fondos nacionales por unos $ 36 millones en los últimos ocho años para la conservación de los bosques nativos, pero apenas rindió cuentas por cerca de $ 3 millones. El dato se desgrana de un informe de la Dirección de Bosques de la Nación, que depende del Ministerio de Medio Ambiente. Según esa cartera, la Ley de Bosques no se cumple en Tucumán en tres aspectos: no se actualizó el ordenamiento territorial desde 2011, no se multó a ningún infractor ni se rindieron cuentas por los fondos remitidos.

La ley nacional de Bosques (26.331), sancionada en diciembre de 2007, determina los “presupuestos mínimos de protección ambiental para el enriquecimiento, la restauración, conservación, aprovechamiento y manejo sostenible de los bosques nativos, y de los servicios ambientales que éstos brindan a la sociedad”. Asimismo, establece un régimen de fomento y criterios para la distribución de fondos por los servicios ambientales que brindan los bosques nativos. La Provincia adhirió a la normativa en 2010 (Ley 8.304).

Entre las medidas, cada distrito debe elaborar un ordenamiento territorial de los bosques nativos, empleado para delimitar áreas por un sistema de semáforo: las zonas rojas no pueden desmontarse bajo ningún motivo; las amarillas pueden usarse para turismo, recolección e investigación científica; y las verdes pueden emplearse -con determinadas condiciones- para uso agrícola. El ordenamiento es el primer paso para controlar los desmontes y proteger las áreas boscosas. El informe de Nación consigna que desde la sanción de la ley tucumana, el plazo para la actualización del ordenamiento territorial de bosques nativos venció en junio de 2015. La Provincia solicitó una prórroga, pero aún no presentó la documentación.

A la mora se suman los fondos sin rendir. Según la planilla del Fondo Nacional de Enriquecimiento y Conservación de Bosques Nativos, el Ministerio de Desarrollo Productivo local recibió entre 2009 y 2016 más de $ 36 millones. El PE justificó adecuadamente $ 4 millones enviados en 2009. Entre 2011 y 2014 no fueron justificados aproximadamente $ 21 millones, y el estado de rendición está vencido. La Provincia aún está a tiempo de completar la rendición de cuentas de $ 12 millones, según la documentación consignada en el informe técnico del 12 de junio, firmado por Mariana Tellechea, asesora legal de la Dirección Nacional de Bosques. Además, aclara que $ 204.407 rendidos están en estudio. El expediente no consigna el envío de fondos en 2010 ni 2012.

A los fondos sin justificar y el relevamiento desactualizado, la funcionaria macrista suma otro incumplimiento. “La Provincia de Tucumán no cuenta con Planes de Cambio de Uso del Suelo cargados en el Registro Nacional de Planes. Al día de la fecha no hay infracciones cargadas en el Registro Nacional de Infractores. Ello es obligatorio por el artículo 27 de la ley de Presupuestos mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos”, consigna. El mismo expediente precisa que en Tucumán se desmontaron 35.020 hectáreas entre 2008 y 2016.

La senadora Silvia Elías de Pérez intimó por escrito a comienzos de julio al gobernador, Juan Manzur, a que la Provincia diera cumplimiento con la ley de bosques. “Preocupados por las inundaciones que ha sufrido la provincia hemos comenzado a investigar, porque a todos los lugares que visitábamos la gente nos decía que aumentaban los desmontes de los bosques nativos, y nos mostraban los lugares que se convirtieron en cultivos o emprendimientos inmobiliarios, donde debería estar el bosque”, explicó la radical.

Elías de Pérez solicitó la intervención del Ministerio de Medio Ambiente nacional para que la Provincia regularice su situación. “Sabemos que se ha autorizado de una manera incorrecta la tala de bosques nativos, o al menos no se tomaron medidas. Vemos que nuestra provincia está atrasada, que no presentó el ordenamiento territorial a Nación, que los fondos que llegan no son rendidos como corresponde. Esto es la resultante de gobiernos que al tema no le dieron la importancia que tiene, máxime en una provincia que del total de sus bosques tiene más de un 60% de zonas rojas, es decir, que deben protegerse celosamente”, completó.

Desde el Ministerio de Producción de la provincia aseguraron que el Poder Ejecutivo (PE) lleva adelante una política de preservación de los bosques nativos y desmintieron que los desmontes registrados tengan relación con las últimas inundaciones, sobre todo con la que afectó la localidad de Lamadrid a comienzos de abril (algunos barrios quedaron sepultados por hasta dos metros de agua).

El secretario de Desarrollo Productivo, Álvaro Simón Padrós, renegó por la falta de presupuesto en el gobierno macrista y consignó que, en 2016, Tucumán se encuentra entre las provincias con menor porcentaje de perdida de tierras forestales. “Según el informe elaborado por la Dirección de Bosques nacional, en Tucumán se desmontaron solamente 171 hectáreas. Este valor significa que la provincia tiene para ese periodo de tiempo un porcentaje anual de pérdidas del 0.12%”, consignó por escrito el funcionario de Casa de Gobierno a LA GACETA. De acuerdo a la respuesta, del total de hectáreas desmontadas, el 83% se encontraba en la tercera categoría (zona verde), donde los desmontes pueden ser permitidos; el 6% corresponde a la categoría II (zona amarilla); y el 10% restante se encontraba en zonas sin categoría. De las 171 hectáreas, 143 fueron desmontadas en Leales en zona verde, y 11 en la zona amarilla de La Cocha.

“Los datos demuestran que aquellos que sostienen que las inundaciones ocurridas en Lamadrid de este año son el resultado de la falta de control en los desmontes pueden haber utilizado datos desactualizados, en algunos casos falsos y tendenciosos”, respondieron desde el PE a la senadora Silvia Elías de Pérez. “Han ocurrido casos donde se autorizó el desmonte en zona amarilla porque a partir de la inspección intrapredial se pudo identificar que el bosque existente no estaba conformado por árboles de especies nativas, por lo que el cambio de uso de suelo no estaba restringido”, indicó el funcionario.

Simón Padrós destacó la importancia de la normativa nacional y provincial sancionada, y recordó que en 2006 la Legislatura declaró por ley la emergencia de las masas boscosas nativas por dos años (7.731), prohibiendo los desmontes. “Estas leyes han permitido disminuir de manera drástica la tasa de deforestación”, aseguró. Desde el PE coincidieron con el informe de Nación en la mora para actualizar el mapa de ordenamiento territorial de los bosques nativos y que se encuentra pendiente el cumplimiento.

Desde Casa de Gobierno se justifican arguyendo falazmente que es el gobierno nacional que no destina los fondos suficientes para la preservación de bosques, pero hasta ahora no supieron explicar qué hicieron con los 36 millones recibidos. La ley de Bosques (26.331) establece que no pueden destinarse partidas presupuestarias anuales inferiores al 0,3% del presupuesto total de la Nación para el año vigente. “De acuerdo a la ley, ese fondo debería estar constituido por no menos de $ 2.500 millones y sin embargo la partida asignada es 10 veces menor. La exigua partida nos demuestra la falta de compromiso del Estado nacional para con la ley. Cada año se dispone una partida presupuestaria que no es debida y se incurre en un sistemático incumplimiento de la norma nacional”, explicó Simón Padrós.

En cuanto a los fondos recibidos, desde el PE indicaron que la suma de fondos sobre los que se rindió cuentas es mayor a la consignada por la Nación. “La Nación le envió a la provincia entre 2011 y 2016 $ 36 millones, de los cuales lleva rendidos $ 10 millones, encontrándose la totalidad del saldo ya adjudicado a 105 planes de conservación presentados por diferentes personas/empresas, la mayoría de ellas provenientes del sector privado, ONG y dependencias estatales relacionadas con la preservación de las áreas protegidas”, finalizó.

Fuente: La Gaceta

viernes, 8 de enero de 2016

CHILE | Bosque nativo aumentó en más de 126 mil hectáreas en últimos cinco años

Así lo afirma Manuel Rodríguez Meneses, Gerente de Desarrollo y Fomento Forestal de Conaf, quien sostiene que «la deforestación en Chile es una materia que se está controlando cada vez más»


Desde la década del 90, Chile cuenta con mapas que revelan el uso que se le da a sus bosques, describiendo su estructura, cobertura, clases de altura y especies dominantes. En un comienzo este registro periódico se efectuaba utilizando fotografías aéreas e intensas campañas de terreno. Sin embargo, gracias al avance de la tecnología, hoy se realizan por medio de imágenes satelitales que la Corporación Nacional Forestal (Conaf) complementa con trabajo en terreno.

El procesamiento y análisis de esos datos a nivel nacional los realiza Conaf, a través de la Gerencia de Desarrollo y Fomento Forestal de esta Corporación, a cargo del ingeniero forestal, Manuel Rodríguez Meneses.

El profesional, ligado a Conaf desde hace varias décadas, comenta que la deforestación de los bosques nativos de Chile comprende un proceso que se inició con la colonización. “Era común que los españoles quemaran los bosques para habilitar tierras agrícolas y de pastoreo, bajo la percepción de que los recursos forestales eran inagotables. Por ello, a medida que se colonizaba, extensas superficies de trigo reemplazaban el bosque nativo”, asegura.

Desde Conaf explican que dicha habilitación agrícola de tierras no aptas para la agricultura en sectores con altas pendientes en la cordillera de la Costa y precordillera andina, sumada a la aplicación de prácticas agrícolas inadecuadas y el sobrepastoreo, significó que extensas áreas sufrieran un rápido proceso de erosión y degradación de los suelos, además de pérdidas importantes de bosque nativo. Sin embargo, la mayor deforestación se produce a partir de 1848, año en que comienza la exportación de trigo, para lo cual se habilitan y desforestan extensas zonas cubiertas con bosque, ubicados principalmente en la cordillera de la Costa y valle Central de las regiones del Biobío, La Araucanía y Los Lagos.

Los ‘90 fueron la última época marcada por la pérdida de la floresta, ya que de acuerdo al Catastro de Bosque Nativo y Uso del suelo/tierra que realiza la Corporación, durante ese periodo se perdieron del orden de 20.000 hectáreas (ha) al año, seguido por una tasa de deforestación de 0,04% entre los años 2000 y 2015.

¿Qué cambió? “Se puede atribuir a mejores prácticas de manejo, a los mayores recursos y esfuerzos destinados a la fiscalización y a las actividades de fomento al manejo de bosques que efectúa Conaf, especialmente dirigido a pequeños y medianos propietarios de bosques”, explica. A ello se suman las prohibiciones de tala y corte que establece la Ley N°20.283 sobre Recuperación de Bosque Nativo y Fomento Forestal, que ha regulado la actividad.

Sin embargo, uno de los factores de mayor incidencia lo ejercen las plantaciones forestales. “Han tenido un importante impacto en detener la deforestación en el país, disminuyendo la presión sobre el bosque nativo al sustituir los productos madereros que se obtenían tradicionalmente de ellos”, explicó el ejecutivo.

Panorama actual

Gracias a este conjunto de elementos e iniciativas, los principales causantes de pérdidas de bosque nativo se redujeron a incendios forestales y catástrofes naturales, tales como erupciones volcánicas, así como a prácticas de cosecha insustentables, de acuerdo a la información proporcionada por el Departamento de Monitoreo de Ecosistemas Forestales.

“La Corporación está realizando todos los esfuerzos para disminuir la tasa de deforestación, pese a que los incendios forestales, así como catástrofes naturales son un factor importante a considerar cuando se trata de pérdida de bosques”, afirmó el ejecutivo.

Es así como durante los últimos cinco años se registró un aumento del bosque nativo de 126.997,4 hectáreas. A juicio de Rodríguez, esta cifra “permite señalar que la deforestación en Chile es una materia que se está controlando cada vez más, lo que se explica por el rol activo de la institucionalidad. Por lo tanto, el mantener la cobertura forestal asociada a bosque nativo, es un hecho que muestra que la Ley N°20.283 (de bosque nativo) es efectiva en términos de la regulación del recurso forestal nativo”.

De este modo, en la actualidad los bosques del país suman una superficie de 17,5 millones de hectáreas, que representan el 23% del territorio nacional. De ese total, aproximadamente 14,3 millones de hectáreas (19% del país) corresponde a bosque nativo; 3,0 millones de hectáreas (4% de Chile) a plantaciones forestales, y 0,2 millones de ha. a bosques mixtos. Cabe destacar, que de la superficie total de bosque nativo, 3.711.114 hectáreas (26%) se encuentran resguardadas por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado (SNASPE).

 El rol de la Ley de Fomento Forestal

Durante los últimos 43 años las plantaciones forestales con fines industriales crecieron desde alrededor de 350.000 hectáreas en 1970, a casi 2,96 millones de hectáreas en 2013 (información proveniente del Catastro actualizado de Conaf).

Según el análisis del Gerente de Desarrollo y Fomento Forestal de Conaf, un rol importante en este incremento ha tenido la legislación en esta materia, Decreto Ley N°701.

El cuerpo legal, que data desde 1974, fue modificado en 1998, incorporando restricciones ambientales a la sustitución directa de bosque nativo por plantaciones forestales, tras lo cual el instrumento de incentivo se focalizó en pequeños propietarios y tierras ambientalmente frágiles. Complementariamente, se incluyeron subsidios a la forestación con especies nativas cuyo monto duplica el que se entrega a las especies introducidas, una suma de factores que Rodríguez considera de alta relevancia. “Se puede decir que dicha modificación fue un avance importante hacia la protección de bosque nativo e incentivo a la producción con especies nativas”, señaló.

Desde la entidad explican que esta ley obliga a la presentación de un plan de manejo, instrumento que regula el uso y aprovechamiento racional de los recursos naturales renovables de un terreno determinado con el fin de obtener el máximo beneficio de ellos, asegurando al mismo tiempo la conservación, mejoramiento y acrecentamiento de dichos recursos y su ecosistema. Por lo anterior, cualquier tala, explotación o intervención, se encuentra resguardada por un instrumento normativo.

Fuente: Lignum.cl

domingo, 27 de diciembre de 2015

El factor animal en el bosque


Por Renata Hanow* | Para Hora 25 Forestal


En el bosque plantas y animales se encuentran en un dinámico equilibrio puesto que ambas partes junto con el suelo, viven en continuo intercambio de energía sin fin que constituye el ciclo biológico natural y estable siempre que no se produzca un cambio muy fuerte en algunos de los elementos del sistema, debido a procesos violentos naturales o a la acción descontrolada y poco racional del hombre sobre la naturaleza. Los animales pueden ser beneficiosos, dañinos o neutros, en el caso de dañinos puede acentuarse debido a los cambios bruscos antes mencionados. 

¿Qué es la predación?

La predación es una interacción negativa entre dos organismos, uno de los cuales, el predador es beneficiado, pues mata y se alimenta del otro organismo, que constituye la presa.

Los predadores son normalmente animales heterótrofos (del griego hetero [diferente]; y trofos [alimento]), que predan sobre otros heterótrofos y sobre los autótrofos (del griego auto [propio]; y trofos [alimento]) que es el caso de las plantas.

Son animales hervíboros desde los grandes rumiantes y mamíferos hasta los mismos insectos que se alimentan de plantas para subsistir.



Los perforadores o taladradores de la madera pertenecen al Orden de los Coleópteros (escarabajos). Gran parte de ellos se alimentan de pastos, arbustos y árboles vivos durante sus estados larvarios, causando cierto daño directo a la madera, o permitiendo la entrada de hongos y bacterias que pueden causar enfermedades o la pudrición del tronco. También algunos ortópteros, [Orthoptera, del griego orthós, "recto, derecho", y de pteron, "alas"), depositan sus huevos perforando la madera. Pertenecen a este orden los saltamontes, grillos, langostas, y el alacrán cebollero. Otra parte importante de taladradores atacan a árboles muertos y caídos.



Los desfoliadores son otro grupo de insectos que se alimentan del follaje de los árboles, es decir sus hojas y también al igual que los coléopteros son los estados larvarios los que producen daños. Pertenecen a los órdenes de los Lepidópteros [mariposas], Dípteros [moscas] y Hemípteros [chinches]. 



Los insectos succionadores, que no cortan el follaje sino que extraen el líquido de los tejidos, provocan disminución del crecimiento. Entre estos insectos son comunes los áfidos [pulgones], que muchas veces son causantes de enfermedades virales, bacterianas, etc.



Bajo condiciones naturales normalmente se llega a un equilibrio predador-presa, pero cuando este equilibrio se rompe a través de operaciones artificiales, como son la introducción de especies exóticas, y sobre todo el monocultivo en regiones extensas, es fácil que se produzcan adaptaciones de algunos de los tipos de insectos señalados.



Los animales hervíboros pueden afectar a la vegetación de varias maneras. Las formas más comunes son a través del pastoreo, del ramoneo, de las costumbres alimentarias, frutas, semillas, del pisoteo y del hábito excavador de algunas especies.

El pastoreo es el acto habitual de alimentarse de hierbas naturales y pastos, propio de los animales hervíboros de praderas y sabanas. 

El ramoneo es el acto de alimentarse de hojas y yemas de árboles y arbustos, propio de ciertos animales de bosques y sabanas.

Estos animales prefieren ingerir algunas plantas más palatables, es decir más apetecidas, que otra vegetación que no seleccionan, por lo tanto las primeras disminuyen causando un aumento de las segundas y además porque pierden competencia entre ambas.

Las poblaciones naturales de hervíboros son normalmente controladas por animales carnívoros que predan sobre ellas, de tal modo que se logra un equilibrio que permite que el efecto de aquellos animales sobre las comunidades sea escaso. En caso de sobrepoblación puede la vegetación ser dañada considerablemente e incluso cambiada temporalmente.

El efecto dañino del ganado doméstico no resulta solamente del ramoneo sobre las plantas, sino que también del pisoteo, especialmente en las pendientes. (Baker, 1950).

Cuando las poblaciones de animales en el bosque son elevadas, el pisoteo produce compactación de los suelos y destruye su agregación y estructura. Esto causa una merma en la porosidad, reducción de la aireación y capacidad de infiltración del suelo; por lo tanto el agua se escurre y aumenta la erosión que se incrementa por el hecho de que el sobrepastoreo y sobrerramoneo disminuye la cubierta vegetal, y por lo tanto la protección del suelo.

Existen especies exóticas que han sido introducidas en Chile y Argentina, como el caso del jabalí salvaje y algunas especies de conejos. Los conejos tienen la habilidad de roer algunas plantas leñosas causando la muerte del vegetal. Al igual que las liebres y ratones roen las cortezas y raíces, además de cavar túneles o formar sus cuevas provocando una pérdida importante de la vegetación.



Agunas especies de pájaros también son predadores de semillas. Es el caso de las familias Passeriformes, Piciformes y Caprimulgiformes que predan sobre semillas de árboles y pastizales. La vegetación, con mayor complejidad estructural, tiene un papel importante en la disminución de la tasa de depredación. Lo anterior permite la formación de un mayor banco de semillas en el bosque, y aumenta la probabilidad de la regeneración natural, al momento que se presentan las condiciones ideales para la germinación y el establecimiento de las plántulas.



¿Qué es la protocooperación y mutualismo?

Estos son dos tipos de interacción positiva que se diferencian por la obligatoriedad que ellas implican. La protocooperación se presenta en la mayoría de los casos de diseminación y en gran parte de polinización por animales. Esto proporciona alimentos a los animales y a las plantas les permite el cruzamiento, la dispersión y la propagación de las especies, por ejemplo, cuando las flores no son muy especializadas y pueden ser polinizadas por diferentes tipos de insectos.

El mutualismo se presenta en muchos casos de polinización, donde planta y animal dependen uno de otro. En este caso la planta llegó a tal grado de adaptación a determinado tipo de polinizador así como éste se adaptó solo a determinada planta, que las flores sólo pueden ser polinizadas por un sólo tipo de insecto.

La ornitofilia es el tipo de polinización que se realiza mediante aves, generalmente picaflores, que se alimentan de varios tipos de flores, especialmente tubulares.



La mayor parte de los árboles forestales que constituyen grandes bosques, pertenecen al grupo de las especies anemófilas, es decir aquellas cuya polinización se realiza mediante el viento.

Las plantas entomófilas tienen como agente de polinización a los insectos. Poseen adaptaciones que tienen como objeto atraer a los insectos hacia las flores, de tal modo que toman contacto con el polen por un lado, y con el estigma por el otro, de manera que sea posible el transporte de polen de una flor a la otra, y la polinización cruzada o polinización entre flores de distintos individuos de la misma especie.

Por otro lado, los insectos reciben el beneficio del néctar o del polen tras los cuales ellos acuden como fuente de su alimentación. Los insectos más importantes entre los polinizadores se encuentran en los órdenes Himenóptera (Abejas, Abejorros o Moscardones), Lepidóptera (Mariposas), Díptera (Moscas) y algunos coleópteros.



Un caso de simbiosis obligada o mutualismo es el de las especies de Género Yucca, de las liliáceas, plantas de regiones áridas en el suroeste de Estados Unidos, que son polinizadas sólo por una especie de Lepidóptero (Pronuba), la cual transporta una pelota de polen desde una flor a otra, y la empuja a través del estigma en el pistilo de la segunda. Luego coloca los huevos, mediante su ovopositor, entre los óvulos del ovario. De este modo es seguro que los óvulos se van a fertilizar y que las larvas van a contar con alimento. Algunas semillas no son atacadas por las larvas y aseguran de este modo, la reproducción de la Yucca. El beneficio es mutuo pero obligado.

Algunos mamíferos como los murciélagos, polinizan algunas flores que se abren durante la noche en los trópicos (Baker, 1972) y algunos marsupiales realizan polinización en Australia

Diseminación de semillas

La diseminación de semillas u otros propágulos de las plantas pueden clasificarse normalmente como casos de protocooperación o interacción positiva facultativa.

La zoocoria es la diseminación de semillas mediante animales (Danserau y Lems, 1957). Los distintos tipos de animales pueden transportar semillas y frutos como resultado del acto de alimentarse de ellos, o casualmente, debido a una adaptación mecánica de los propágulos para adherirse a los animales. Muchos frutos y semillas poseen puntas, espinas, ganchos y otros elementos o mecanismos que les permiten engancharse o adherirse, e incluso clavarse en la piel o pelos de animales, y ser transportados de esta manera.


Las semillas de los frutos carnosos, como las bayas y drupas, son ingeridas por mamíferos y aves. Los animales digieren los tejidos carnosos, pero las semillas son indigeribles, así son diseminadas cada vez que el animal excreta. Este tipo de semillas está provisto de una cubierta dura, y en muchos casos la acción química de la digestión facilita la posterior germinación.


* La autora es Técnico Forestal y columnista exclusiva de Hora 25 Rural y Hora 25 Forestal


Fuentes consultadas

Artículo «Abundancia y diversidad de aves depredadoras de semillas de Pinus teocote Schl. et Cham.»; en hábitats contrastantes de Veracruz, Revista Foresta Veracruzana,  México: 2004 6 (2)



viernes, 30 de octubre de 2015

Evaluación de los recursos forestales mundiales 2015: ¿Cómo están cambiando los bosques del mundo?

Los bosques que están en régimen de gestión sostenible proveen bienes y servicios esenciales y por lo tanto, juegan un papel determinante en el ámbito del desarrollo sostenible. Es pues, crucial disponer de información fiable y actualizada acerca del estado de los recursos forestales, sobre la cual asentar decisiones en materia de inversiones, de políticas y de desarrollo sostenible. Valiéndose de La Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales (FRA) y por encargo de sus Estados Miembros, la FAO analiza periódicamente los bosques del planeta, sus formas de gestión y de aprovechamiento. El proceso FRA es coordinado en la Sede de la FAO en Roma por el Departamento Forestal de la Organización, en conjunción con los asociados del Cuestionario Colaborativo sobre Recursos Forestales (CFRQ por sus siglas en inglés). Los seis asociados son los siguientes: la Comisión de Bosques de África Central(COMIFAC/OFAC), la FAO, FOREST EUROPE, la Organización Internacional de las MaderasTropicales (OIMT), el Proceso de Montreal y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE). (http://www.fao.org/forestry/fra).


1990-2015: Veinticinco años en examen

Los bosques y la gestión forestal han cambiado considerablemente a lo largo de los últimos 25 años. En conjunto, los resultados conseguidos durante este periodo han sido positivos. A pesar de que, a nivel mundial la superficie de bosques continúa contrayéndose a medida que el crecimiento de las poblaciones humanas prosigue y la demanda de alimentos y tierras se intensifica, la tasa de pérdida neta de bosques ha disminuido en más de un 50 por ciento. Al mismo tiempo, la atención de que ha sido objeto la gestión forestal sostenible nunca ha sido tan intensa: más tierras se designan como bosques permanentes, las labores de medición, monitoreo, reporte y planificación se han ido multiplicando, la implicación de las partes interesadas se ha generalizado, y el marco jurídico que ampara la gestión forestal sostenible ha llegado a tener alcance casi universal. A la conservación de la biodiversidad se van destinando superficies siempre más extensas, al mismo tiempo que los bosques van satisfaciendo una demanda siempre mayor de productos y servicios forestales. 

En 1990, el mundo tenía 4128 millones de hectáreas (ha) de bosque; en 2015 esa área había disminuido a 3 999 millones de ha. Este es un cambio de 31,6 por ciento de la superficie mundial de tierras de 1990 al 30,6 por ciento en 2015 (1 Calculado sobre la base de la superficie de tierras en 2015). Sin embargo, la deforestación, o conversión forestal, es un fenómeno más complicado de lo que esa disminución pareciera indicar. A nivel mundial, las ganancias y pérdidas de bosque ocurren de manera continua y son muy difíciles de seguir exhaustivamente, incluso mediante imágenes satelitales de alta resolución. La dinámica del cambio de la superficie de los bosques naturales y de los bosques plantados es muy diferenciada y varía drásticamente en función de las circunstancias nacionales y de los tipos de bosque.

Los cambios en el bosque se pueden describir como un proceso de ganancias (expansión del bosque) y de pérdidas (deforestación). El cambio en el área total de bosque proporciona un cuadro de cómo están cambiando todos los recursos forestales en conjunto. El cambio en los bosques naturales es quizás un indicador más adecuado de la dinámica del hábitat natural y de la biodiversidad. El cambio en los bosques plantados permite comprender las modificaciones en la composición de productos forestales procedentes de los bosques naturales y plantados. 

martes, 27 de octubre de 2015

Bosque Andino Patagónico

Parque Nacional Los Alerces | Chubut
Esta región forestal constituye una de las últimas reservas mundiales de bosques templados con poca alteración antrópica y valiosa diversidad vegetal y animal con una extensión de aproximadamente 6.446.523 hectáreas (Cartografía y Superficie de Bosques Nativos de Argentina, 2002).Tanto el Alerce (Fitzroya cupressoides) como el Pehuén (Araucaria araucana) son árboles que han resistido intensos procesos ambientales y culturales. La región alberga también un patrimonio cultural significativo por sus valores arqueológicos, históricos y educativos. Según la distribución de las especies más importantes, puede dividirse en cinco subregiones: Bosque Caducifolio, Magallánico,Valdiviano, del Pehuen y Maulino.

Los Bosques Patagónicos, también llamados Subantárticos o Andinos-Patagónicos, se extienden como una estrecha franja recostada sobre el macizo cordillerano desde el Norte del Neuquén hasta Tierra del Fuego e Isla de los Estados. El paisaje es de montaña, de relieve abrupto y escarpado, con picos nevados, valles glaciarios, geoformas de origen volcánico en el norte de la eco-región, numerosos cursos de agua y lagos que desagüan a través de distintos ríos a las vertientes del Atlántico o del Pacífico.

Las alturas máximas llegan a 3000-3700 m.s.n.m en Neuquén y van disminuyendo hacia el sur, hasta 800-1400 m en Tierra del Fuego. El clima es templado a frío y húmedo, con copiosas nevadas o lluvias invernales, heladas durante casi todo el año y fuertes vientos de oeste. Dentro de la eco-región se diferencian tres subregiones: de los Bosques Septentrionales, de los Bosques Meridionales e Insulares y Altoandina.

La formación vegetal dominante es el bosque templado húmedo, semidesiduo (mezcla de especies desiduas y de follaje persistente), que varía en especies con la altitud, la exposición de las laderas y la latitud. Es principalmente un bosque alto (de 30 a 40 m de altura), denso, que alterna también con arbustales y bosques bajos. Desde el centro de Neuquén hacia el norte, la cobertura boscosa continúa va dejando lugar a un bosque ralo con isletas de bosque denso, en los que predomina el Pehuén ( Araucaria).

Diferenciando por subregión, la de los Bosques Septentrionales se caracteriza por tener su expresión más rica en especies en la llamada “Selva Valdiviana” de Chile, que ingresa a la Argentina en algunas áreas fronterizas como Puerto Blest (PN Nahuel Huapi), donde las precipitaciones llegan a los 4000 mm anuales, y se caracteriza por especies como Coihue, Urmo, Alerce, Mañiú, Mañiú hembra, Avellano, Lingue, Tique, Tineo, etc. Y numerosas enredaderas, epífitas y parásitas hacia el este, desciende rápidamente la precipitación promedio y el bosque se empobrece en géneros y especies: predomina el género Nothofagus, con especies como Ñire, Lenga, Raulí, Roble Pellín, acompañadas de Ciprés, Notro, Radal, Pehuén (en la franja norte) y otras. La subregión de los Bosques Meridionales está escasamente representada en Santa Cruz y bien representada en Tierra del Fuego, donde ocupa el sur de la provincia. Son bosques de menor diversidad de especies, en donde predominan el Guindo, Lenga, Ñire y Canelo. En Tierra del Fuego alternan con los bosques las turberas, áreas anegadizas ocupadas por musgos del género Sphagnum. Coronando las cumbres montañosas de la Cordillera, desde Neuquén a Tierra del Fuego, existe vegetación altoandina, compuesta de pequeños arbustos y gramíneas. Este ecosistema de alta montaña es una ingresión de la eco-región de los Altos Andes, que se encuentra por encima del límite altitudinal del bosque, a partir de los 2000 m.s.n.m en Neuquén, mientras que en Tierra del Fuego aparece a los 500 m.s.n.m. Allí es también comunes las vegas o mallines de altura.

Las principales especies de fauna de los Bosques Patagónicos son el puma, dos cérvidos endémicos: Pudú, el más pequeño del mundo, y el huemul, un pequeño marsupial llamado “moni del monte”, gato huiña, huillín, tuco-tuco social y otras especies. Además, hay varias especies exóticas, asilvestradas en la eco-región, como el ciervo colorado, jabalí, visón y castor. Entre las aves, existen especies endémicas como el matamico o carancho blanco, palon araucana, cachaña o cotorra austral, huet-huet y chucao. Entre los anfibios se encuentra también especies endémicas como el sapito cuatro ojos, la ranita de Darwin y la culebra andina.


(obio.ambiente.gob.ar)

Selvas en Galería de la Argentina


Selva en Galería | Parque Nacional El Palmar [Entre Ríos]
Consideradas mayormente una extensión de otras formaciones vegetales que por razones de dinámica fluvial y microclima se expanden por fuera de los límites de otras selvas de mayor extensión, este ambiente ha sido mayormente olvidado o subestimado en las descripciones nacionales de la biogeografía argentina y muchas veces, si bien fue mencionado, al no ser mapeable por una cuestión de escala, fue desapareciendo mayormente de los planes de acción conservacionistas.

Si bien existen selvas ribereñas empobrecidas y muy simplificadas a lo largo de algunos ríos que bajando de las yungas atraviesan la zona chaqueña, sin restarle importancia, no serán parte de nuestro análisis que focalizaremos en el nordeste argentino donde esta formación alcanza su máximo desarrollo.

Tampoco incluiremos aquí, aunque reconociendo su estrecha relación con el ambiente tratado y que aquí proponemos como ecorregión, a los bosques ribereños o de inundación con pocas especies pero con gran densidad de individuos y que muchas veces se constituyen en la primera etapa de colonización boscosa de los sitios donde luego de sucesivas crecientes se instalará la selva en galería. Nos estamos refiriendo a los bosques de sauces criollos, alisos de río o palo bobos, ceibos, curupíes y en algunos lugares del timbó blanco o de bañado, y que trataremos al referirnos a la ecorregión del Delta e Islas del Paraná.

Entre las selvas en galería, de ribera o matas ciliares, término brasileño con que se las reconoce en ese país, distinguimos corredores selváticos que usando de vías de dispersión a los grandes ríos Paraná, Uruguay, Paraguay y sus afluentes, se instalan en sus márgenes, flaqueándolos por largas distancias, ubicados mayormente en los albardones ribereños que, a veces, los flanquean a modo de barrancas y que por lo general fueron formados con el limo provisto por las grandes crecientes de dichos ríos. El pulso de la inundación es una característica ecológica importante de los mismos por el aporte de sedimentos que mencionamos y de semillas así como por el arrastre de estas a otros sitios aguas abajo.

La selva en galería del Paraná

Podemos distinguir dos grandes tipos de selva, las primeras son de origen misionero o paranaense que también podrían denominarse mesopotámicas, pues siguen mayormente la distribución de los ríos de esa región permitiendo que muchas especies vegetales y animales misioneras se distribuyan más al sur en las provincias de Corrientes, Entre Ríos y en el mismo nordeste bonaerense, así como siguiendo los afluentes pueden ingresar en el interior provincial (principalmente de Corrientes y Entre Ríos) creando un rico mosaico de ambientes donde el elemento subtropical está a cargo de las mismas.



Selva en Galería | Corrientes 
En general unas pocas especies de la selva alta misionera o paranaense se vuelven riparias o ribereñas y algunas lo hacen por trechos más acotados, predominan en cambio especies bajas pero de frondoso desarrollo con hasta uno o dos estratos bien definidos de vegetación y sirviendo de soporte a numerosas plantas epífitas que crecen sobre sus copas. En el piso de la selva y el sotobosque aparecen también especies de interés. Ya en la misma provincia de Misiones estas selvas son notables dentro de la selva alta pero no tan evidentes allí, pues no hay una clara distinción entre una formación y otra, aunque es visible que ciertas especies como el ibirá-pitá o caña fístula y el sotacaballo son más abundantes cerca de los ríos y arroyos o en sus valles fluviales. En el sur de la provincia, en plena zona de los campos (ver Ecorregiones Olvidadas I) arroyos como el Yabebirí, el Agrupa y su afluente el Pindapoy son buenas muestras de selvas en galería en Misiones permitiéndole a varias especies selváticas colonizar ese ambiente abierto y mayormente pastoso.

De allí en más las selvas del Paraná se constituían en una ancha cinta que flanqueaba prácticamente toda la costa de este río en forma bastante definida hasta la altura de Goya perdiendo especies en su progresivo avance hacia el sur. En el norte de Corrientes un árbol particularmente abundante en ellas, aunque más raramente podría también crecer en bosquecillos más alejados del agua, es el curupay, conocido en el noroeste como cebil colorado; estando presente también el curioso ambay que vive asociado con una hormiga, sin escasear las cañas altas que ya en Misiones eran un elemento tan característico de las selvas marginales del gran río que en lugar de su nombre indio de tacuaruzú muchos las referían simplemente como tacuara Paraná.

Selvas en galería al norte de Puerto Reconquista - Foto: Horacio Luna

En fecha reciente se ha hallado un árbol nuevo para el país y que soporta bastante bien las inundaciones periódicas llamado Arary. Al sur de Goya las selvas en galería del Paraná se vuelven notablemente más pobres en especies y se limitaban a las altas barrancas entrerrianas llegando hasta la altura de Diamante e incluso poco más al sur. Entre la fauna de este sector sobresalía en el pasado el muitú, una gran pava de monte que parece haberse extinguido en las selvas de norte correntino; y aún puede verse el Yapú, un boyero grande de linda coloración que subsiste en bajo número. Sin ser exclusivos de ellas estas selvas permiten el avance en territorio correntino de mamíferos como el coendú chico, la paca y el oso melero o caaguaré, sin contar otros que lo hacían en el pasado como el tapir, el coatí y el pecarí de collar. También el mono carayá negro baja por estas selvas hasta la altura de Goya.

Las selvas en galería del Uruguay:

Por otra parte por el río Uruguay y en clara dirección norte-sur se dispersaban muchos elementos misioneros y por ello varios consideran que la riqueza biológica del Delta inferior, donde se encuentran vestigios del "Monte blanco" (nombre local con que se conocía allí a estas selvas que por el nordeste bonaerense llegaban hasta la latitud de Punta Lara), se debía a la influencia de este río que llegaba en forma más directa y con menos interferencia de islas o bañados tributarios que retuvieran sus aportes.

Así además de una serie de elementos misioneros que llegan al sector correntino y a un afluente bien conservado como lo es el río Aguapié que desagua al sur de Santo Tomé y donde pueden contarse el gato onza, el coendú, el caaguaré u oso melero, el acutí bayo y, en el pasado, el oso hormiguero grande y la yacutinga, tenía allí elementos propios y exclusivos como el carpinterito ocráceo, especie conocida en el país sólo de un pequeño tramo entre Garabí y Barra Concepción, en el sudeste de Misiones. Si bien de Yapeyú hacia el sur desaparecen muchos elementos subtropicales existen pequeños árboles y arbustos exclusivos de esta formación al menos en la Argentina, principalmente pertenecientes a la diversa familia de las Mirtáceas y que vulgarmente son conocidos como matos, guayabos y arrayanes pero involucrando varias especies de más de un género. Se cree también que la palmera pindó se dispersó por esta vía hasta el delta bonaerense donde la recuerda un topónimo: el Paraná de las Palmas, y algo parecido habría ocurrido con la caña yatebó o tacuara brava, de gruesas espinas, cuya terminal de distribución se encuentra en la bonaerense selva de Punta Lara.

Algunos murciélagos frugívoros o nectarívoros lo usaban en el pasado para alcanzar latitudes tan australes como la ciudad de La Plata y se postula que ya no lo hace por las numerosas interrupciones que sufre este ambiente. La pava de monte común, hoy en lenta recuperación se distribuía a lo largo de estas selvas y aunque sea rara sobre el curso principal de Uruguay, las poblaciones del bajo delta y de los afluentes del sur de Corrientes deben interpretarse como relictos de una mayor distribución pasada. Varios passeriformes se distribuyen hacia el sur usando como vías estas selvas, destacándose particularmente varios fruteros o tangarás.

Las selvas en galería chaqueñas

Selva en Galería | Isla del Cerrito [Chaco]
Formando otro tipo de selva o si se quiere distrito se encuentran las del este del Chaco y Formosa y que están ligadas mayormente al río Paraguay y una faja de selvas en sentido norte-sur en el extremo sudeste del Chaco que incursionan en el Nordeste de Santa Fe, en el departamento Gral. Obligado. Al primer tipo pueden suscribirse las selvas del Paraguay y las del Bajo Pilcomayo y Teuco o Bermejo y las de los riachos intermedios en Formosa conocidos como Porteño, Monte Lindo, He-he, Malvinas (o Inglés), Pilagá y su afluente el Guaycolec y el Mbiguá, entre otros. En Chaco aparecen las selvas del Zapirán, del Quia, del Río de Oro, del Tragadero, del Tapenagá y del Negro, como las principales.

Lo interesante de esta formación es que se advierten elementos en común con las selvas en galería del norte correntino, es decir, paranaenses, con otros que en la Argentina son propios de las yungas o selvas tucumanosalteñas, discutiéndose aún si su presencia en este ámbito se debe a antiguas conexiones hoy perdidas entre ambas selvas a través del Chaco Seco o bien a una distribución en campana de estos elementos que también llegan al Pantanal y bajarían flanqueando el curso del Río Paraguay, regresando de este modo a la Argentina. Además hay especies propias cuyo origen se relaciona más con las matas ciliares del Cerrado brasileño y que nos llegan a través del Pantanal.

Todo esto hace que, en más de una vez, se diga que en valores de biodiversidad total las selvas del este de Formosa y Chaco sean las segundas en biodiversidad del país luego de las misioneras, así podremos ver en ellas elementos paranaenses como el ingá, el ambay, el ibirá-pitá o caña fístula, el alecrín, el espina de corona conviviendo con bosquecillos de palo blanco y de palo lanza o lanza amarilla presentes en las yungas y especies como el mataojos chaqueño que vendrían bajando desde el pantanal. Entre la fauna son elementos característicos el muitú y el mono mirikiná, que cuentan allí con sus últimas poblaciones en la Argentina, aunque se sabe que el mono incursiona también en isletas de monte fuerte, formación típicamente chaqueña. Es estas selvas se encontró una especie de rana Hypsiboas varelae y otra de roedor Kunsia fronto chacoensis conocidas por poquísimos ejemplares y hasta ahora sólo del Río de Oro.

Además se han encontrado poblaciones del mono caí de la raza yungueña y del alto chaco, de la paca y del acutí bayo demostrando una neta influencia misionera como lo confirman recientes avistajes de aves que se tenían como exclusivas de misiones como el Yasíyateré grande y el colorido Arasarí fajado. La lechuza conocida como Urucureá grande oriental que para algunos es una raza y para otros una buena especie, tiene como hábitat predilecto estas selvas. Ya desde el sudeste del Chaco ingresando al nordeste de Santa Fe hay una especie de lomo o antiguo albardón, bastante interior y de discutible tratamiento en consecuencia como selva en galería pero, si se estudia la composición de especies, resaltan varias de las ya nombradas como el alecrín sumando la caña conocida como picañilla. Evidentemente en el pasado esas selvas fueron parte de la selva en galería del Paraná y merecen el mayor interés biogeográfico por lo que nos animamos a incluirlas aunque en situación parecida están varias de las existentes en la mitad occidental de Corrientes ya que el Paraná tuvo varias variaciones de curso, bien documentadas.

Como se verá es mucho lo que tienen para decir estas selvas en galería para que las consideremos apenas una extensión o una versión empobrecida de otros ambientes, siendo para la mayoría de las provincias nombradas los ambientes más biodiversos y curiosamente por su escasa superficie y dificultad de mapeo y percepción de los más expuestos a desaparecer.

En el sur de Misiones, la creciente expansión urbana de Posadas, Apóstoles van reduciendo su extensión y sin olvidarse de numerosas obras viales o infraestructura que las afectan. Al igual que la creciente contaminación. Tanto Misiones como Corrientes tienen un problema serio en el anegamiento provocado por la represa y que en Corrientes afectó la mejor muestra de la Selva Paranaense. Por más que se han hecho reservas compensatorias aún resta el llenado total de la presa y se prevé todavía una mayor afectación de los ambientes naturales.

Garabí es otro proyecto hidroeléctrico que causa una creciente preocupación y que afectará principalmente las selvas en galería de Misiones y de un pequeño sector de Corrientes. Los proyectos de establecer diques o presas pequeñas para abastecer de agua a arroceras en terrenos cercanos ha generado una seria preocupación en la provincia de Corrientes ya que justamente dos de los ambientes mejor conservados como lo son las selvas del Ayuí y las del Aguapey  figuran entre las primeras candidatas a sufrir este uso que las fragmentará y atomizará olvidando su rol primordial de corredores biológicos. La presa del Salto Grande fue un revés fatal para el río Uruguay ya que nos privó para siempre del magnífico salto que interrumpía la navegación y anegó un enorme tramo de selvas (las más ricas de Entre Ríos) aguas arriba de Concordia y penetrando en territorio correntino.

El establecimiento de ciudades y puertos de importancia en la costa entrerriana del Río Uruguay generó otras interrupciones importantes y algo parecido se puede decir para las costas del Paraná. En el caso de las selvas en galería chaqueñas, la amenaza por las arroceras parece de las más graves aunque en general todavía mantienen un buen estado de conservación. En cuanto a las medidas de protección tomadas, si bien numerosas reservas nacionales, provinciales, municipales y hasta privadas contienen pequeños fragmentos amén de que no fue la selva en galería el motivo principal de su creación (ej: PN El Palmar) no alcanzan en ningún caso a salvar muestras representativas aunque sea con figuras blandas de reservas de uso múltiple o paisaje protegidos.

Entre los proyectos que urge concretar se encuentra el rescate de las cuencas del Agrupa-Pidapoy en Misiones, del Aguapié y el Ayuí en Corrientes, del Alto Uruguay en los departamentos Apóstoles y Concepción de Misiones, del Rincón Ombú con sus bosques relictuales de Arary en Corrientes, del Parque Binacional argentino-uruguayo a la altura del dpto. Colón y otro similar en el dpto. Gualeguaychú en la cuenca del Gualeguay y del Feliciano, en el interior de Entre Ríos, las selvas en barrancas del proyecto de Reserva Natural Militar Campo Sarmiento, vecino al Parque Nacional Predelta; de los Relictos de monte blanco en el Delta bonaerense relevados recientemente por la cátedra de ecología regional de la UBA, de los montes del dpto. Gral Obligado en el nordeste de Santa Fe y de las selvas en galería del Tragadero, Tapenagá, Río de Oro y Zapirán en Chaco sin olvidar el injustamente postergado proyecto nacional de Reserva Natural Silvestre Laguna El Palmar, a orillas del Río Paraguay en Las Palmas, en la misma provincia. Aunque es en Formosa donde se encuentran las mejores oportunidades y sumados a los que aporta el PN Pilcomayo y la Reserva de la Biosfera Laguna Oca sobre el Río Paraguay deberían agregarse reservas efectivas que protejan las selvas de los riachos Pilagá-Gauycolec, Monte Lindo y He-he en carácter prioritario.

De esta manera queda demostrado que aún es mucho lo que podemos hacer por estos ambientes que prácticamente se desarrollan en zonas marginales para el establecimiento permanente y las actividades económicas del hombre convirtiéndose en sitios de alto interés ecoturístico casi desaprovechados en la actualidad. En definitiva cuando en la Reserva de Punta Lara avistamos un ave de origen subtropical como un humilde Arañero Coronado Chico es porque todavía el antiguo corredor sigue funcionando.

Especies mencionadas en el texto y su equivalencia científica:
Acutí bayo: Dasyprocta azarae.
Alecrín: Holocalyx balansae.
Aliso de río o palo bobo: Tessaria integrifolia.
Ambay: Cecropia pachystachya.
Arañero coronado chico: Basileuterus culicivorus.
Arary:Calophyllum brasiliense
Arasarí fajado: Pteroglossus castanotis.
Caña picañilla: Guadua paraguayana.
Caña yatebó o tacuara brava: Guadua trinii.
Carpinterito ocráceo: Picumnus nebulosus.
Ceibo: Erythrina crista-galli.
Coatí: Nasua nasua.
Coendú chico: Sphiggurus spinosus.
Curupay o cebil colorado: Anadenanthera colubrina
Curupí: Sapium haematospermum.
Espina de corona: Gleditsia amorphoides.
Fruteros o tangarás: Fam. Thraupidae.
Gato onza: Leopardus pardalis.
Ibirá-pitá o caña fístola: Peltophorum dubium.
Ingá: Inga vera.
Mataojos chaqueño: Pouteria glomerata.
Matos, guayabos y arrayanes: Fam. Myrtaceae.
Muitú: Crax fasciolata.
Mono caí: Cebus apella.
Mono carayá negro: Alouatta caraya.
Mono mirikiná: Aotus azarai.
Murciélagos frugívoros: Fam. Phyllostomidae
Murciélagos nectarívoros: Glossophaga soricina.
Oso hormiguero grande: Mymercophaga tridactyla.
Oso melero o caaguaré: Tamandua tetradactyla
Paca: Cuniculus paca.
Palo blanco: Calycophyllum multiflorum.
Palo lanza o lanza amarilla: Phyllostylon rhamnoides.
Pava de monte común: Penelope obscura.
Pecarí de collar: Pecari tajacu.
Pindó: Arecastrum romanzoffianum.
Sota caballo: Luehea divaricata.
Sauce criollo: Salix hulmbodtiana.
Tacuaruzú o caña Paraná: Guadua chacoensis.
Tapir: Tapirus terrestris.
Timbó blanco o de bañado: Albizia inundata.
Urucureá grande oriental: Pulsatrix pulsatrix.
Yacutinga: Pipile jacutinga.
Yapú: Psarocolius decumanus.
Yasiyateré grande: Dromococcyx phasianellus.


(losquesevan.com)



sábado, 24 de octubre de 2015

El Bosque Andino Patagónico


Foto: © Guillermo F. Fernández

Los bosques andino-patagónicos cuentan con una gran diversidad de flora. Entre las especies arbóreas, la principal familia que se encuentra en nuestra región es la de los Nothofagus (o falsas hayas), la cual constituye un 90% del bosque. Este grupo esta conformado por: el roble pellín, el ñire, la lenga, el coihue y el raulí, los cuales se ubican a diferentes alturas. 

En El Bolsón y en el Parque Nacional Lago Puelo las especies con más presencia entre los nothofagus son: —El Coihue (Nothofagus dombeyi)— que en mapuche significa “Roble”, se ubica entre los 700 y 1200 m/s/n/m en sitios de mucha húmedad, casi siempre rodeando lagos o ríos. Es un árbol de gran porte que puede alcanzar los 40 m de altura y 2 m de diámetro. Se diferencia del resto de los nothofagus por ser el único de hoja perenne y ser el que inicia las sucesiones (o sea los cambios graduales que ocurren en el bosque). Las flores son muy pequeñas y de color rojo, el tronco posee una corteza rugosa y agallas (pelotitas) ocasionadas por algunos insectos. 

Los bosques de Coihue forman techos de hojas con importantes sombras a sus pies. Las hojas son persistentes y de color verde oscuro en verano, volviéndose rojizas en otoño, otorgándole una pincelada de matiz al bosque cordillerano. Son árboles relativamente longevos, existía uno en el PN Nahuel Huapi de 650 años, el cual fue un atractivo turístico denominado “El Abuelo”, y luego fue derribado naturalmente por una tormenta. Es común encontrar en sus extremos al hongo Llao Llao (Cyttaria darwinni) que produce a la larga el conocido “nudo de coihue”, muy utilizado por los artesanos y escultores para realizar sus creaciones. Este hongo formaba parte de la dieta de los mapuches. Es normal que los coihues caigan por los fuertes vientos y la nieve, ya que al no perder sus hojas acumulan mucha nieve que con su peso termina partiendo grandes ramas. 

Dentro del bosque de coihues aparecen otras especies, las cuales reemplazaran con el tiempo a los coihues viejos, ya que estos no se regeneran en condiciones sombrías. -El Ñire (nothofagus antartica) en mapuche también se le dice “Hualo” y en hilliche “ñire” significa “zorro”. Se manifiesta en bosques casi puros pero también crece junto a otros árboles. 

Es la especie que abarca el mayor rango altitudinal y que más se adapta a distintas condiciones ambientales (dentro de los nothofagus), y generalmente se la encuentra en mallines. Se distribuye de forma similar a la lenga, formando en las alturas matorrales impenetrables en donde se protegen zorros y otros animales de las fuertes nevadas y vendavales, de allí la derivación de su nombre por parte de los hilliches. El ñire es de porte variable, alcanzado como máximo los 15 m de altura y 40 cm de diámetro. Sus hojas poseen los bordes más irregulares entre los árboles de la familia y se tiñen de color rojo en otoño, ornamentando las montañas y otorgándole al paisaje un contemplar único. —La Lenga (nothofagus pumilia), es el único nothofagus que cubre toda la extensión desde el Paralelo 38° hasta el Cabo de Hornos. En otoño, al igual que los demás de su especie, colorea las montañas con un tono rojizo. Crecen a partir de los 800 m, y a los 1000 m/s/n/m se encuentran bosques puros que llegan casi hasta la cumbre de las montañas (1800mts). La altura hace que se vaya adaptando a las diferentes condiciones climáticas. 

En las partes inferiores del bosque se encuentran lengas con troncos rectos llegando a los 30m. de altura y 1.5m de diámetro. A un poco mas de altura, aparece la lenga con forma de “L” debido a la nieve que permanece gran parte del año aplastando la vegetación. A los 1500 m/s/n/m se encuentra la lenga achaparrada que se manifiestan así, de tipo arbustivo, por las condiciones climáticas extremas. En las lengas se observa colgante, el arbusto berberis pearcei, el cual crece sólo bajo la protección de esta especie.


(turismoelbolson.gob.ar)


viernes, 16 de octubre de 2015

La vida en un bosque: el cuadro completo

Si nos piden que definamos un bosque, la mayoría de nosotros pensará inmediatamente en árboles. Si bien es cierto que lo árboles dominan - son los organismos más grandes presentes en el lugar, hay muchos de ellos y no se mueven – un bosque es en realidad una comunidad de no sólo plantas y animales, sino también de microorganismos. Añade a la mezcla los componentes no vivos, abióticos, como el suelo, el clima y el agua, y agrega las complejas interrelaciones entre los organismos y el ambiente, y estamos más cerca de entender realmente este ecosistema.

Más del 30% de la superficie de la Tierra está cubierta por bosque. Están entre los reservorios más notables de diversidad biológica en tierra firme - albergan más de dos tercios de de las especies terrestres conocidas; también son hogar de la mayor parte de las especies en peligro. 

Bosques y humanos

Los bosques tienen una gran variedad de usos para los humanos, incluyendo la madera de los árboles, nutrición para animales, pastoreo, recreación, usos medicinales y más. En la actualidad, los conservacionistas aún están discutiendo una definición “técnica” de un bosque. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un bosque no deja de ser un bosque sólo porque los árboles ya no están. Aunque eso sea cierto, es importante entender cómo la desaparición de la cobertura verde y la amenaza resultante para los hábitats y la vida humana calza en el cuadro completo de la vida en el planeta.

El ecosistema boscoso

El bosque es un ecosistema complejo - un sistema biológico con un sinnúmero de interrelaciones distintivas de las partes vivas del ambiente (plantas, animales y micro-organismos) entre sí mismas y con las partes no vivas, inorgánicas o abióticas (suelo, clima, agua, restos orgánicos, rocas). Imagínalo como una intrincada red – frágil, pero, al mismo tiempo, sostén del ecosistema.

Variedad y distribución de los bosques

Los bosques vienen en todos los tamaños y tipos - desde las taigas del Norte hasta los bosques de maleza de las regiones áridas o los bosques lluviosos de los trópicos húmedos. Se los encuentra en los glaciares en movimiento1, en el agua dulce y salada, en cornisas de montañas árticas. No ocurren aislados del resto del paisaje. El tipo de bosque en un área dada depende de muchos elementos, incluyendo clima, suelo, fuentes de agua, patrones de lluvia, fuentes de semillas e influencia humana.

Las complejas relaciones ecológicas que incluyen a los bosques podrían permitir a los humanos beneficiarse de ellos en una variedad de formas distintas. Sin embargo, un entendimiento más profundo de estas relaciones es crucial para el desarrollo de opciones efectivas de manejo y políticas a favor de los bosques.


--------------------------------------------------------------- 
Fuente: «Forest ecosystem» by Bernard T. Bormann, Judy L. Meyer, Tim Schowalter, Everett Hausen. McGraw-Hill, Encyclopedia of Science & Technology.


Los bosques, mucho más que paisajes

La FAO advierte de que más allá de meros paisajes, los bosques cumplen infinidad de funciones relacionadas, por ejemplo, con la mitigación y adaptación al cambio climático, el suministro adecuado de agua potable, la mejora de la biodiversidad, o la seguridad alimentaria. Sin embargo, actualmente “los bosques se enfrentan a presiones sin precedentes”, según alertaron los expertos reunidos en el XIV Congreso Forestal Mundial celebrado en Durban, Sudáfrica.


Por Laura Martín



ESPAÑA.- La cita el pasado septiembre sirvió precisamente para que la FAO presentara su Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2015 (FRA2015), que se actualiza cada cinco años y que analiza, entre otros aspectos, cómo han cambiado los bosques en los últimos 25 años, el estado de la gestión forestal sostenible y otras tendencias. La FAO ha monitoreado los bosques del mundo cada cinco a diez años desde 1946.

En palabras de Rod Taylor, director del Programa Global de Bosques de WWF, “el último informe de FAO confirma la enorme pérdida de los bosques tropicales en los últimos 25 años”, una tendencia, que según este experto, “va a continuar con pérdidas en el futuro concentradas en especialmente en 11 “frentes de deforestación si no se toman medidas enérgicas y urgentes para hacer frente a las causas de este problema”. Sin estas medidas, alerta “se destruirán en solo 20 años unos 170 millones de hectáreas de bosques, el tamaño de Alemania, Francia, España y Portugal juntos”.

En el mismo pronóstico coincide el reciente informe de WWF Bosques Vivos, que alerta de una posible pérdida de bosques en la región este de África de hasta 12 millones de hectáreas entre 2010 y 2030. El análisis de teledetección realizado para elaborar este documento revela que las pérdidas de bosques entre 2000 y 2012 se concentraron en Mozambique (2,2 millones de hectáreas), Tanzania (2 millones de hectáreas) y Zambia (1,3 millones de hectáreas).

A juicio de Taylor, “no hay una única solución para detener la pérdida y la degradación de los bosques. Son necesarias un conjunto de medidas, que van desde ampliar las áreas protegidas, a fomentar patrones de consumo más sostenibles”. Esta será “la única manera para asegurar que los bosques sobreviven a la elevadísima presión que hoy existe sobre el suelo, originada por la urgencia para abastecer la creciente demanda de alimentos, energía y materiales”, añade Taylor.

Como ejemplo, el análisis de WWF alerta de que la demanda anual de madera se triplicará de cara a 2050, lo que generará mayor presión en los bosques y plantaciones de las que se extrae. Según sus datos, las plantaciones se están expandiendo y abasteciendo un porcentaje cada vez mayor de la demanda mundial de madera. “En el lugar adecuado y gestionadas de forma responsable, las plantaciones de árboles pueden reducir la presión sobre las áreas forestales naturales”, recalcan.

En este sentido, WWF pidió a los líderes forestales del mundo reunidos en Durban que aporten “soluciones innovadoras para hacer frente a la deforestación y la degradación forestal”. “Todos sabemos que ninguna organización puede hacer frente sola al desafío de conservar los bosques. Unámonos para asegurar que conservamos los bosques para la vida”, resaltan, recordando que éstos aportan madera, piñones, resina, corcho, caucho, medicinas y muchos más productos, además de regular ciclos tan esenciales para la vida como el del clima y el agua.

Esfuerzo conjunto para soluciones reales

La gran cita de Sudáfrica también ha servido para que cinco países africanos firmaran un compromiso sin precedentes para combatir de forma conjunta el comercio de madera ilegal: Kenia, Tanzania, Uganda, Madagascar y Mozambique “han dado un paso muy significativo para solucionar una de las principales causas de pérdida de nuestros bosques”, señalan desde WWF.

Se trata de la Declaración de Zanzíbar sobre el comercio de madera y otros productos forestales de origen ilegal, el primer acuerdo de esta naturaleza que se firma en esta región, que además “llega en un momento crucial en el que el este tipo de comercio fuera de la ley se está expandiendo a un ritmo alarmante”, apuntó Geofrey Mwanjela, responsable del Programa Terrestre de la Iniciativa en la costa este de África de WWF.

Kenia pierde cerca de nueve millones de euros por año a causa del comercio transfronterizo ilegal entre Tanzania y Kenia, según un estudio de 2012 del Foro de Recursos Naturales de Tanzania y la Sociedad de la Vida Salvaje del Éste de África. Tanzania pierde alrededor de 7,5 millones de euros anuales por este tipo de comercio, según un informe similar elaborado por el propio Gobierno
.

A nivel mundial, entre el 50 y 90% de la madera se extrae o se comercializa de manera ilegal, según datos de Naciones Unidas (PNUMA), con un coste estimado de 27.000 a 90.000 millones de euros al año.

Según explica a Compromiso Empresarial Elena Domínguez, responsable del Programa de Bosques de WWF, las conclusiones alcanzadas en el encuentro Forestal Mundial de Durban dejan patente “el importantísimo papel que desempeñan los bosques como una solución para el cambio climático y para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas”.

Y aunque este Congreso Mundial de los Bosques ha cumplido las expectativas de WWF, “el futuro de los bosques del planeta no se resuelve en este tipo de encuentros. Necesitamos una verdadera voluntad política que sea secundada por los mercados para conseguir que los bosques puedan seguir desempeñando el fundamental papel que realizan para asegurar la calidad de vida de los seres humanos”, defiende.

A su juicio, este Congreso “es un paso más para acercarse a la Cumbre del Clima de la ONU (COP 21) que se celebrará en París el próximo mes de diciembre, y donde es preciso garantizar un acuerdo que sirva para reducir la pérdida neta de bosques y su degradación hasta cerca de cero para 2020”.

Esta experta apuesta, como claves imprescindibles, por una gestión forestal responsable, una adecuada planificación territorial, cadenas de suministro que aseguren que los productos de consumo (cosméticos, alimentos…) no estén contribuyendo a la destrucción de los bosques, y un sistema financiero responsable en sus inversiones, entre otras medidas.

“Sin ellas no será posible frenar el dramático ritmo de pérdida de bosque al que estamos asistiendo”, agrega, añadiendo que las soluciones “son complejas, pero nunca antes todos los actores y organizaciones clave para hacer esto posible habían estado tan preparadas para aplicar las soluciones necesarias”.

A pesar de lo alarmantes que resultan estas cifras, la responsable de bosques de WWF defiende que “sí es posible satisfacer la demanda de comida, energía y materias primas de la humanidad sin destruir nuestros bosques, pero para ello es necesaria una acción urgente y concertada por parte de todos los agentes clave”. “Se necesita verdadera voluntad política y un cambio de la forma en la que funcionan los mercados”, apunta.

Barreras y oportunidades

Sin embargo, siguen existiendo, según WWF, importantes barreras a superar antes de que un asunto de vital importancia como es el estado de los bosques, su conservación y gestión, o la protección de sus recursos y su biodiversidad se introduzca de manera real en las agendas políticas y en las decisiones de las grandes empresas: La principal es “la economía global en la que nos movemos”.

“Si no internalizamos todos los beneficios que nos aportan los bosques en el medio y largo plazo, y que son tan importantes para mantener la vida, los bosques nunca podrán competir en igualdad de condiciones con otros usos del suelo que producen muchos más beneficios en el corto plazo, como la agricultura o la ganadería”, explica Elena Domínguez.

Según sus palabras, “este cambio de conciencia es algo que no tiene que ocurrir únicamente en al ámbito político y empresarial; los ciudadanos también tenemos que interiorizarlo, porque no tendremos políticos y empresas capaces de tomar decisiones y utilizar sistemas de producción que respeten los bosques si a sus clientes o votantes no les preocupa”. ”Esperemos llegar a tiempo. Tan sólo hay que mirar un poquito más allá del corto plazo”, agrega.

Los expertos reunidos en Durban también hablaron de dendroenergía, la energía obtenida a partir de biocombustibles sólidos, líquidos y gaseosos primarios y secundarios derivados de los bosques, árboles y otra vegetación de terrenos forestales. Desde WWF dicen sí a este tipo de energía, “pero siempre asegurando que se han producido de forma responsable, teniendo en cuenta criterios ambientales y sociales, en los lugares adecuados y favoreciendo su consumo local”.

Precisamente en el mismo sentido, y en un evento especial celebrado en el marco del Congreso sobre este asunto, se defendió “el potencial que tiene la dendroenergía para el desarrollo sostenible y para una economía más respetuosa con el medio ambiente” y se apostó por que este tipo de energía sea “más sostenible y eficiente con el fin de que contribuya a la mejora de los medios de vida, la seguridad alimentaria, la salud, el acceso a la energía y la gestión sostenible de los bosques”.

Los bosques y la amenaza de los incendios forestales

Cada verano, los incendios forestales vuelven a despertar la alarma social y son protagonistas de los informativos y las portadas de los periódicos. Son sin duda otra de las grandes amenazas de los bosques, no sólo porque los arrasan, sino porque también se llevan consigo el medio rural y muchos de sus recursos, además de poner en peligro vidas humanas.


Según datos de WWF, que ha analizado la situación en España tras la campaña de incendios de este verano, la tendencia de la última década y el escenario futuro que provocará el cambio climático “no deja lugar a dudas: los grandes incendios continuarán siendo un grave problema”.

Y es que, aunque en España “somos buenos apagando incendios, no apostamos lo suficiente por la prevención, la inversión para dar vida al monte y evitar que arda”, denuncia esta organización.

El informe de incendios de WWF de este año “muestra que es posible hacer las cosas de otro modo, recuperando los numerosos usos de los montes y luchando contra el abandono que prende la llama de los grandes incendios”, explican.

En su opinión, “sólo será posible evitar el impacto de los incendios más devastadores si las Administraciones apuestan por la recuperación del uso de los montes”, porque “su abandono actual ha dejado a nuestros bosques listos para arder”.

El último Mapa del Fuego 2015 elaborado por WWF recoge los incendios que han ocurrido este verano. Según estos datos, el 55% de los incendios es intencionado frente al 23% que ocurre por accidente o negligencia, y en ellos arde el 60% de la superficie afectada. A nivel nacional, la mano del hombre está detrás del 96% de los incendios forestales, y el 44% de la superficie forestal afectada se quema en el 0,18% del total de siniestros. Al año se producen de media 14.500 siniestros.

La condiciones meteorológicas este verano 2015 no han ayudado a que el riesgo de incendios se redujera, y este año, según WWF, “va camino de convertirse en un año negro para los bosques”.

Según la Agencia Estatal de Meteorología, julio ha sido el mes más cálido en España desde que hay registros. A esto se suma el elevado índice de intencionalidad y de imprudencias relacionadas con el uso del fuego en el medio rural, así como de maquinaria agraria en días de riesgo extremo de incendio: Si el 55% de los incendios son intencionados, casi un 43% de ellos se deben a quemas agrícolas y el 26% a quemas ganaderas.

Pero el mayor riesgo a nivel de prevención se produce por el abandono generalizado de los montes y su ausencia de gestión, que hace que las llamas se propaguen con facilidad en caso de iniciarse un fuego.

“Millones de hectáreas de monte que se transformaron intensamente a mediados del siglo XX para aprovechar recursos como la madera o la resina, están ahora totalmente abandonadas y con un riesgo altísimo de incendio”, insisten los responsables de WWF, que alerta de que “sólo hace falta que salte la chispa para que se produzcan incendios tan destructivos e incontrolables como el de Luna (Zaragoza), Quesada (Jaén) o la Sierra de Gata (Cáceres) este verano”.

“Los incendios son sólo el síntoma: la enfermedad es el imparable abandono del medio rural y forestal. Mientras los montes sigan olvidados, seguiremos sufriendo veranos negros, cada vez peores por los efectos del cambio climático. Y no hará falta que haya especuladores de por medio”, recalca WWF en su balance de incendios tras el verano.

Las cifras oficiales del Ministerio de Medio Ambiente (Magrama) hablaban de que, hasta mediados de 2015, las llamas habían arrasado ya casi 66.000 hectáreas, un 60% más de lo que había ardido el año pasado y un 135% más que en 2013, una superficie que supera lo calcinado a lo largo de 2014 y durante todo 2013.

Magrama coincide en porcentajes con WWF: más de la mitad de los fuegos son intencionados, pero solo se investigan uno de cada tres de estos siniestros; y de este porcentaje solo se esclarecen un tercio de ellos.

Terminado el verano, los incendios forestales pasan a segundo plano como “tema informativo”, sin embargo, las ONG conservacionistas alerta de que sus consecuencias se alargan décadas: dependiendo de la especies los bosques pueden tardar hasta 30 o 50 años en recuperarse.

Greenpeace señala los “ingredientes” de este cóctel mortal: “la falta de gestiones forestales preventivas; los recortes en la gestión, prevención y extinción, o la línea difusa entre la superficie forestal y las urbanizaciones”.

Lourdes Hernández y Diana Colomina, expertas en restauración forestal de WWF, explican que restaurar los bosques quemados “no solo es necesario para cerrar la herida lo mejor posible. Los incendios que se produzcan en el futuro dependerán de las medidas de restauración que las Administraciones apliquen tras los fuegos”. Sin embargo, señalan, “la recuperación de los terrenos afectados por grandes incendios sigue siendo la gran olvidada de las políticas forestales.


Cuánto cuestan los incendios

Las pérdidas económicas atribuidas a los incendios en España en los últimos 50 años se han mantenido en torno a los 3.385 euros por hectárea de superficie forestal afectada (SECF, 2010). Si se tiene en cuenta que, de media, arden al año en España 116.000 hectáreas, las pérdidas económicas se estiman en casi 425 millones de euros al año.

Esta cifra engloba únicamente el valor de las rentas económicas perdidas de recursos forestales, como madera, papel, corcho, resina, pastos o caza, y el gasto correspondiente a la extinción de la superficie afectada. Esta cuantía no incluye el gasto total del operativo de extinción y prevención que la Administración central y las Comunidades Autónomas mantienen de forma ordinaria todos los años, ni de la posterior restauración.

Solo el Magrama invirtió, entre 2001 y 2013, un total de 69 millones de euros de media al año en prevención y extinción, a lo que habría que sumar la inversión autonómica.

“Esta valoración económica tampoco incluye la pérdida de biodiversidad, turismo, uso recreativo, paisaje y otras externalidades que los bosques aportan a la sociedad y dejan de realizarse cuando arde la superficie forestal: protección frente a la erosión del suelo y las inundaciones, regulación del ciclo del agua o fijación de CO2, etc.”, remarca WWF España, que en 2006 ya estimó que el daño generado por los incendios forestales en España, incluyendo una aproximación a la valoración económica de la naturaleza, produce pérdidas anuales por encima de los 1.800 millones de euros, lo que supone el 0,2% del PIB español.

Estas cifras no incluyen otros valores como la pérdida de vidas humanas, el daño psicológico de las personas afectadas o el valor existencial que tenía el paisaje y la biodiversidad perdida. “En vista de lo que nos cuestan los incendios, cabe preguntarse si las Administraciones públicas invierten los esfuerzos y los presupuestos necesarios para ponerles definitivamente freno”, reflexiona la ONG. “Sin duda, prevenir impactos es mucho más rentable que reparar daños”, concluye.



(compromisoempresarial.com)

Bioenergía

Actualidad Forestal

Industria de la Madera

 
Copyright © 2014 Hora 25 Forestal